
Variable, fija o mixta: el debate vuelve
Una subida puntual del euríbor no significa que toda hipoteca variable sea una mala decisión. Si el diferencial es bajo y queda poco plazo por pagar, mantenerla puede seguir teniendo sentido. Sin embargo, el contexto ha cambiado: la evolución de la cuota ya no permite dar por hecha una bajada sostenida y muchas personas vuelven a valorar la estabilidad de un tipo fijo.
En las nuevas hipotecas, el tipo fijo sigue siendo mayoritario: el 61,7 % de las hipotecas sobre vivienda constituidas en junio de 2026 se firmó a tipo fijo, según el INE. Quien prioriza conocer de antemano el importe de su cuota puede plantearse convertir su préstamo variable en fijo.
Cómo cambiar mi hipoteca de tipo variable a fijo
Si hasta ahora tenías una hipoteca a tipo variable, pero estás considerando cambiarla por una de tipo fijo, tienes dos opciones: Novación o subrogación.
La novación supone pactar con tu banco la modificación del tipo de interés. En cuanto a la subrogación, implica llevarte tu hipoteca a otra entidad. Las dos opciones llevan consigo unos gastos asociados.
En realidad, existe una tercera opción, que es cancelar tu actual préstamos hipotecario y formalizar uno nuevo. Eso sí, debes tener en cuenta que formalizar un nuevo préstamo conlleva gastos mayores.
En este sentido, los gastos asociados a la subrogación de una hipoteca son superiores a los de la novación, pero muy inferiores a los de la formalización de una hipoteca nueva.